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Cómo marcar la diferencia y mejorar el rendimiento a través del trabajo duro

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La motivación es un estado de ánimo que debemos entrenar por nosotros mismos, marcar la diferencia o no puede depender de ello. Independientemente de si la empresa para la que trabajamos, se encuentra invirtiendo en incentivos que nos permitan estar activos e ilusionados con las tareas que en ella desarrollamos. Los motivos por lo que es tan importante lograr un correcto enfoque laboral reside en que la vinculación directa que éste tiene con relación a nuestro rendimiento, una variable cuantificable por la que podemos aumentar nuestras posibilidades de ascenso profesional, cumpliendo así con nuestras aspiraciones profesionales.

El trabajo duro debe ser una cultura que instalemos de manera particular en nuestras rutinas laborales. Sin embargo, el esfuerzo en el trabajo requiere de la introducción de un plan de acción perseverante y estable, que logre superar las dificultades y crisis que puedan producirse en el proceso. De hecho, este enfoque dirigido va a permitir que las distracciones, derivadas de ese tipo de situaciones, bloqueen o paralicen nuestros procesos productivos.

 

Definir objetivos, marcar metas y centrar el trabajo

Este plan de acción se inicia con el establecimiento de metas y objetivos, de plazos medios, cortos y largos que estén alineados, unos con otros, para permitir que exista cierta continuidad en el trabajo, impidiendo que nos salgamos del camino trazado.

Tener una dirección clara y visible, crear rutinas que nos permitan seguirla de manera constante y destinar todos nuestros recursos –técnicos y emocionales- disponibles, es lo que va a permitir marcar la diferencia a nivel profesional.

 

¿Cómo miden las empresas ese esfuerzo?

La forma en la que damos visibilidad al trabajo duro pasa por que éste tenga un reflejo tangible en los beneficios que aportamos a la empresa a través de nuestros resultados productivos. Esta medición se produce durante las fases de evaluación anual de los trabajadores, así como en tras el balance que hacen las compañías del crecimiento y evolución de sus volúmenes de negocio. De ahí la importancia de ser constantes a la hora de dedicar horas y esfuerzos en mejorar nuestros niveles productivos.

 

Los beneficios del estrés en materia de productividad y enfoque

Por otro lado, algunos estudios científicos basados en la experimentación con grupos de trabajo, están demostrando que el estrés controlado reactiva los procesos cerebrales que nos mantienen alerta y a pleno rendimiento. Por ello, el trabajo duro no debe ser visto como un estado de agotamiento, sino como un elemento que nos va a permitir controlar las fluctuaciones que se puedan producir en nuestros niveles de atención y reacción ante imprevistos.

No obstante, es importante destacar que no se trata de llegar a niveles de estrés tan elevados que lleguen a causar un perjuicio para nuestra salud o pueda generar en el inicio de procesos de procrastinación o lo que es lo mismo, aplazar las tareas para otros momentos. En este sentido, es vital establecer plazos de desconexión ya que, durante estos procesos de intensa concentración el cerebro gasta un nivel de energía mucho mayor al que lo haría desde un modo más relajado y menos enfocado. De hecho, los expertos recomiendan establecer pausas de 10 minutos por cada hora trabajada. Ese “break time” facilita la regeneración de energías.

Además, otra recomendación en cuanto al aprovechamiento de nuestro tiempo laboral es la identificación de nuestras “horas pico”, es decir, aquellas horas en las que nuestro nivel de energía y motivación son altas, ya que son las que nos va a hacer más productivos.

 

descanso

Entrenar la mente como lo harías con el cuerpo

Continuando en la línea de los beneficios que aporta estar concentrado y con un nivel alto de trabajo y productividad, es clave trabajar en rutinas que nos permitan entrenarnos como lo haría un atleta de élite. Éstos se marcan límites cada vez más lejanos con el fin de sentirse motivados y satisfechos en el momento en el que los alcanzan.

En este sentido y a un nivel profesional de oficina, podemos tratar de ir aumentando los ritmos de trabajo en cuestiones como la escritura, lectura o cualquier otro proceso mecánico que desarrollemos diariamente o con asiduidad.

La conjunción de todas estas acciones va a repercutir en la forma en la que es visto nuestro desempeño laboral, permitiendo alcanzar aquellas metas que nos propongamos a lo largo de nuestra carrera profesional, en función de criterios de trabajo duro y productividad.

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